vicente todolí cervera

Discurso de Vicente Todolí Cervera

Doctor honoris causa UPV

A veces se cierran círculos cuya existencia ni siquiera imaginaste

1. 1976-1997 21 años Bienal de Venecia 2. 1984-2011 27 años

• Renuncia a terminar el Doctorado • Comisariado de Exposiciones

Mi carrera hubiera sido muy distinta si no se hubiera cruzado en mi camino una serie de profesores, cuya influencia fue determinante en las opciones elegidas y el modo de afrontarlas

En primer lugar Carmen Montaner, ya desaparecida, profesora de Historia del Arte en mis primeros años de lo que entonces se llamaba Bachillerato que me transmitió su inmensa pasión por el arte, sin distinción de estilos ni época.

Toni Martínez, profesor de latín, también en el bachillerato “Que nos enseñó a ver las cosas con amplitud de miras. En sus clases de Latín, lo mismo hablaba un día sobre Borges que sobre el estilo de juego de la selección brasileña.

Ya en la Universidad, en el departamento de Historia del Arte, en un momento en que nunca se llegaba al arte del S.XX, interés central en mi formación, fue Carmen Gracia, quien guió mi formación autodidacta en este campo.

Y ya en U.S.A, en la Universidad de Yale, fue el eminente Profesor de Historia de la Arquitectura, Vincent Scully, que también ejerció de tutor, quien ahuyentó inseguridades y me ayudó a caminar sin muletas, solo, al insistir en que la mayor contribución que uno podía hacer siempre sería tener una visión personal y distintiva de las cosas a analizar.

Y dotar de una personalidad, aportar un punto de vista propio es lo que he intentado dar a los museos que he dirigido.

Siempre intenté que las instituciones fueran metafóricamente cuerpo donde una pierna estuviera anclada en el lugar simbólico de donde surge

mientras la otra en alto se moviera circularmente como un radar, intentando detectar señales de arte en el universo espacio temporal. Mientras la cabeza sería la que procesa y editaría ambas informaciones para crear una programación, porque no olvidemos que eso junto a la colección es lo que define a un museo, y no un edificio más o menos vistoso, firmado por un arquitecto más o menos estrella.

Que es lo que hemos visto en la última década, bajo el efecto del síndrome Guggenheim Bilbao que ha puesto un énfasis innecesario y perjudicial en el continente y no en el contenido.

Lo que era solo un instrumento se ha convertido en un fin, y los argumentos en que se sustentaban eran más propios de las televisiones comerciales que de instituciones de investigación y de mediación entre el Arte y el público. El Arte ha dejado en muchas ocasiones de ser el objetivo primario para convertirse en un mero cebo para atrapar el mayor número de audiencia.

Los números han empezado a cualificar de un modo cuantitativo algo que es inmaterial como el Arte y la Cultura, que no pueden ser medidos ni pesados.

Esto ha provocado que los valores de conocimiento, formación y tolerancia inherentes al Arte hayan sido sustituidos por otros meramente productivistas y mercantiles, corriendo el riesgo de caer en un círculo vicioso donde se programa lo que la audiencia masiva quiere, a la que no se da otra opción porque es lo único que se le da, ya que se supone que es eso lo que quiere.

En los momentos de crisis como el actual apostar por el Arte y la Cultura es apostar por la creación de una riqueza para el presente y para el futuro que puede contribuir a que este mundo sea un mejor sitio para vivir. Los descubrimientos no son solo geográficos y científicos sino también culturales.

Y para aquellos con una mentalidad más utilitarista, ciertamente una formación cultural rica puede contribuir a hacernos encontrar soluciones imaginativas a problemas presentes y futuros y a confrontar el mundo con una mayor capacidad crítica.

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