adela cortina
Laudatio
José Félix Lozano Aguilar
Señor Rector Magnífico de la Universitat Politècnica de València, Dr. Francisco José Mora Mas, Doctora Adela Cortina, Autoridades académicas y civiles, Miembros de la comunidad universitaria, Señoras y Señores, Bienvenidos y gracias por estar aquí en un día tan significativo para la Universitat Politècnica de València. Permítanme comenzar con un sincero agradecimiento a la Universitat Politècnica de València por darme la oportunidad de pronunciar estas palabras ante Uds. Es seguramente uno de los mejores momentos que me va a deparar mi vida académica. Quiero agradecer especialmente al Vicerrectorado de Responsabilidad Social, Cooperación y Deportes por haber tomado la iniciativa en este proceso y en especial a la Vicerrectora Rosa Puchades por su generosidad al ofrecerme la posibilidad de leer esta Laudatio ante Uds. Y finalmente, también quiero agradecer de todo corazón a mis compañeros del departamento de Proyectos de Ingeniería, y en especial a su directora María del Carmen González, por proponer a Adela Cortina para este nombramiento, y por el compromiso decidido en la tarea de la promoción de la ética profesional durante estos años. Es mi desafiante tarea en estos momentos presentar las razones que avalan el nombramiento de Adela Cortina como doctora honoris causa. Tarea que no es difícil puesto que cualquiera que conozca mínimamente a la profesora Cortina reconoce de inmediato que tiene virtudes éticas y dianoéticas, y realiza acciones para merecer tan alta distinción. Inmanuel Kant en la primera línea de su famoso escrito ¿Qué es la Ilustración? respondía a la pregunta diciendo que: “La Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad” y decía que esta incapacidad era culpable porque las razones de ella son la pereza y la cobardía. Y Kant exhortaba ¡SAPERE AUDE! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón! Pues, honestamente creo, que la profesora Cortina es una mujer Ilustrada en el más kantiano sentido de la palabra. El coraje de servirse de la razón ha marcado su devenir intelectual y personal, y quienes la conocen saben que ni la pereza ni la cobardía están en su diccionario. Adela nació hace unos cuantos años en Valencia y, podríamos decir, que es una valenciana cosmopolita que por donde quiera que va reivindica con humildad y orgullo lo mejor de nuestra tierra. Y aunque siempre está viajando, siempre vuelve. Aun cuando ha tenido tentadoras ofertas de excelentes Universidades extranjeras y nacionales nunca se ha decidido a abandonar su tierra y sus gentes por mucho tiempo. Adela Cortina se licenció en Filosofía y Letras en la Universitat de València en 1969 y ese mismo año, a la vez que comienza su tesis doctoral, entra como profesora ayudante en la Facultad de Filosofía. La década de los 70 son años de intenso estudio y de los primeros viajes a Alemania en “seiscientos”; de su implicación en grupos de estudio y debate sobre teoría política y en los que crece la convicción de que la convivencia en sociedades pluralistas, como la que en aquellos años se estaba configurando, no podía hacerse desde el relativismo, ni el nihilismo, sino que tenía que construirse desde una ética cívica sobre la base de unos principios mínimos de justicia. Y éste fue, sin duda, su proyecto filosófico de las siguientes décadas, cuyo primer paso fue su tesis doctoral, defendida el 19 de enero de 1976. Su estancia en Múnich en 1978 y en Frankfurt am Main en 1986, gracias a las becas del Deutscher Akademischer Austauschdienst (DAAD) y de la Fundación Alexander von Humboldt, son momentos clave en la configuración de su sistema filosófico. En esas fechas, el frío alemán no debió de ser el mayor inconveniente para una joven mujer española. Más duro debió de ser ganarse el respeto intelectual y superar las miradas altivas de algunos compañeros y profesores. Pero ella lo consiguió y hoy sigue manteniendo una cálida amistad y riguroso debate con Jürgen Habermas y K. O. Apel. Ambos situados en la estela de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt y sin lugar a dudas los filósofos más influyentes de las últimas décadas. Filósofos que en los años 70 y 80 estaban elaborando un sistema filosófico que trasformaría la tradición kantiana de la razón pura por la razón dialógica. Un sistema filosófico y una razón dialógica que la profesora Cortina, haría suya; reformularía con la influencia de pensadores de tradición española como Ortega y Gasset, Laín Entralgo, Julián Marías, y sobre todo José Luís López-Aranguren; y divulgaría en el mundo de habla hispana. Su libro Ética mínima, publicado en 1986, se convirtió inmediatamente en un referente obligado en el discurso ético. Pero no piensen Ud. que Adela solo estudiaba y permanecía al margen del convulso momento político y social que le tocó vivir. En octubre de 1976 ganó las oposiciones de cátedra de Instituto y se marchó junto a su marido Jesús Conill, también catedrático de filosofía, a Murcia. Allí y con el ánimo de Ricardo Alberdi y otros amigos que todavía atesora, entró de lleno en la acción social y se implicó, desde la reflexión filosófica, en la transformación social. Y aquí ya podemos vislumbrar una de las convicciones del pensamiento y la acción de Adela: que vida e intelecto no están separadas, y que hay que darle sentido vital al pensamiento. Tras unos años en Murcia, en 1981 vuelve a la Facultad de Filosofía de Valencia, donde en 1986 consigue la cátedra de Filosofía Moral y Política. Y en estos momentos comienza su prolífica tarea de publicación que a día de hoy todavía no ha cesado (y que esperamos dure muchos años más). En pocos años publicó cinco libros claves en la evolución de su pensamiento: Razón comunicativa y responsabilidad solidaria (1985), Ética Mínima (1986), Ética sin moral (1990), Ética comunicativa y democracia (Junto a K. O. Apel) (1991), Ética aplicada y democracia radical (1993), y Ética de la sociedad civil (1994). Pero como ya hemos apuntado, la profesora Cortina, sin salir de la Academia nunca ha dejado de mirar más allá. Y su compromiso con la sociedad en la que vive hace que se implique en temas de gran relevancia social como son la bioética, la ética del desarrollo, la ética profesional, la ética política, la ética de los medios de comunicación y la ética de la empresa. Sus publicaciones en temas de bioética y ética profesional superan el medio centenar y su implicación en la Asociación de Bioética Fundamental y Clínica desde su fundación ha sido esencial para el desarrollo de la asociación. Y en este tema, su conocimiento y saber también se han puesto al servicio del Estado cuando se le ha requerido. Así, la profesora Cortina ha sido miembro del Consejo Asesor de Sanidad del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (BOE 29 de septiembre de 2012), miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana asistida, y del Comité de Ética en la Investigación Científica y Tecnológica. Su indignación ante la injusticia y su compasión hacia los que sufren es sin lugar a dudas la motivación más profunda de su pensamiento y su acción. Los que la conocen lo saben bien; y las organizaciones cívicas solidarias saben que pueden contar con ella. Y aunque en toda su obra se identifica claramente su compromiso con las personas más pobres y vulnerables, hay un libro de referencia obligada: Pobreza y libertad. Erradicar la pobreza desde el enfoque de Amartya Sen (2009) donde siguiendo la línea del premio Nobel de economía, A. Sen, plantea la pobreza como una cuestión de injusticia, y donde desarrolla el concepto de “aporofobia” que había acuñado unos años, para caracterizar ese sentimiento tan lamentablemente extendido en nuestras sociedades opulentas de miedo y desprecio al pobre. También en la ética aplicada a los diversos ámbitos profesionales (profesiones sanitarias, periodismo, derecho, ingeniería, etc.) ha realizado importantes aportaciones. Tiene varias publicaciones e innumerables conferencias sobre el tema, pero aquí querría destacar el libro 10 Palabras clave en ética de las profesiones, publicado en el año 2000 y en el que nuestro querido compañero, y al que seguimos recordando con gran afecto, Eliseo Gómez-Senent escribió el capítulo de “Ética de la ingeniería”. Y el último ámbito de ética aplicada en el que la profesora Cortina ha sido un referente indiscutible ha sido la ética de la empresa. La publicación del libro Ética de la empresa en 1994, junto a Jesús Conill, Domingo García Marzá, y Agustín Domingo, se ha convertido en un clásico que ya va por la octava edición. En él se planteaban dos ideas esenciales: que los valores éticos son elementos esenciales de la empresa y de los negocios, y que por tanto ninguna empresa puede darles la espalda; y la segunda idea, y más “polémica”, es que las empresas éticas están mejor preparadas para ganarse el futuro y obtener el éxito. Sin lugar a dudas queda mucho trabajo por hacer, pero sus escritos junto con su actividad en la Fundación ÉTNOR van empujando en esa dirección. La profesora Cortina es fundadora y Directora de la Fundación ÉTNOR, la primera fundación de ética de los negocios y las organizaciones de España, y que desde hace más de 25 años desarrolla un diálogo continuado con empresarios, directivos, representantes de trabajadores y académicos. También desde ahí, y con la colaboración de las Administraciones Públicas y de las asociaciones empresariales, se han realizado investigaciones cuyo objetivo último es contribuir a la difusión de la cultura ética en las actividades económicas. En los últimos años, la profesora Cortina ha ido desarrollando dos propuestas por las que, a mi juicio, ocupará un lugar predominante en la historia de la Filosofía: la ética de la razón cordial, y los recientes trabajos sobre neuroética. En el año 2007, Adela Cortina recibió el premio Internacional de Ensayo Jovellanos, por su libro Ética de la razón cordial. En él presentaba sistemáticamente su propuesta de completar la razón procedimental presentada por Habermas y Apel, y otros autores continuadores de la tradición kantiana, con las emociones, los sentimientos, los valores y las virtudes. Por utilizar sus propias palabras: “La ética de la razón cordial, por su parte, reconoce que sin capacidad para estimar el valor de la justicia ni siquiera importa que una norma sea justa; sin capacidad para estimar a los demás interlocutores como valiosos, la justicia de las normas que deberían estar a su servicio es irrelevante” (Cortina, A. 2010, Justicia Cordial, p.17). También en el controvertido debate sobre la neuroética Adela se ha implicado con toda su fuerza intelectual. Los relevantes avances en neurociencias suponen un desafío a la filosofía moral y, a nuestro juicio, un peligro real de caer en el naturalismo y diluir la moralidad en activaciones neuronales. Este tema la ha obligado a estudiar mucho, a escuchar y dialogar con neurólogos, antropólogos, psicólogos, etc. y resultado de todo este esfuerzo es su clarificador libro, publicado en 2011 Neuroética y Neuropolítica. Las bases cerebrales de la educación moral. Es un tema en el que sigue trabajando y en torno al cual ha conformado un joven y talentoso equipo de investigación digno de reconocimiento internacional y merecedor de financiación pública en todas las ocasiones que las ha solicitado. Debo ir finalizando ya mi intervención destacando dos aspectos relevantes de su actividad académica e intelectual: su trabajo en defensa y divulgación de la filosofía, y su implicación en instituciones académicas y culturales de nuestro país. Cabe empezar destacando el Premio Nacional de ensayo que recibió en 2014 por su libro ¿Para qué sirve realmente la ética? que culmina una de sus grandes tareas: la divulgación de la filosofía moral para el público no especializado. Sus contribuciones en diversos medios de comunicación desde hace años (El País, El Cultural del ABC, o sus numerosas intervenciones radiofónicas y televisivas) le han dado un reconocimiento público y un aprecio por su independencia y rigor poco frecuente entre los profesionales de la filosofía. También merecen ser destacados su participación en los jurados de los Premios Príncipe de Asturias y, desde 2010, Princesa de Asturias, su nombramiento como miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en diciembre de 2008, siendo la primera mujer en la historia en leer su discurso de ingreso. Y un último reconocimiento, al que creo que tiene especial afecto, es el Nombramiento por unanimidad de todos los grupos políticos como Hija Predilecta de la Ciudad de Valencia, el 5 de octubre de 2012. Podríamos añadir más de ciento cincuenta títulos de publicaciones, más de doscientas ponencias, de sus estancias de investigación en Lovaina, Cambridge, o Notre Damme (EEUU), de las clases impartidas en universidades de todo el mundo, o de los trece doctorados honoris causa con lo que ha sido reconocida su trayectoria, pero se nos haría demasiado largo. Les invito humildemente a leer con interés su obra a aquellos que no la conozcan. Les aseguro que lo disfrutarán. No puedo terminar mi intervención sin decir unas palabras sobre el carácter de Adela Cortina. El rigor, la claridad, la apertura al diálogo, el amor por el saber, la pasión por aprender son virtudes que claramente se identifican en sus escritos, sus clases y sus conferencias. Lo que quizá ahí es más difícil de captar es la amistad sincera y leal, la generosidad, y la integridad que la caracterizan. Cuando la conocí, hace más de 25 años, ya me trato con una sinceridad y afecto que me sorprendieron. Hoy, mucho más famosa y con un prestigio internacional incuestionable, sigue tratando con sinceridad, y respeto a sus alumnos, y a todo con quien se trata. Sus amigos de hace 30 años siguen recibiendo sus visitas, llamadas, y afecto, y más cuando más lo necesitan; a veces para hablar y otras veces para estar en silencio. Es una persona de una tremenda generosidad intelectual y personal. Creo que todos los que hemos tenido la suerte de trabajar con ella lo podemos corroborar. “Así pues, considerados y expuestos todos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito con toda consideración y encarecidamente ruego que se otorgue y confiera a la Dra. Adela Cortina el supremo grado de doctora honoris causa, por la Universitat Politècnica de València”. Gracias.