dolores higueras

Laudatio

María Victoria Vivancos

Quiero expresar el gran honor que supone para mí presentar, en esta laudatio, los méritos de Doña Dolores Higueras Rodríguez, a quien la Universitat Politècnica de València inviste hoy como la séptima mujer Doctora Honoris Causa, a propuesta del Instituto Universitario de Restauración del Patrimonio.

Hablar de Lola Higueras es adentrarse en una travesía marcada por descubrimientos y saberes.

Nació el 12 de junio de 1945, el mismo día en que en San Francisco se celebraba la Conferencia que sentó las bases de la ONU, símbolo de diálogo y cooperación entre los pueblos. No es casualidad: su vida habría de consagrarse también a rescatar la memoria común y a tender puentes entre culturas, tiempos y orillas, convirtiéndose en pionera, referente y maestra en la investigación del patrimonio marítimo y americanista.

Lola Higueras creció en el seno de una familia de artistas plásticos y musicales de reconocido prestigio. Su padre y su abuelo, los dos grandes Jacintos, fueron renombrados escultores, mientras que por la rama materna la tradición musical se encarnó en su tía y su hermana, cantantes de proyección internacional. A su herencia familiar artística, muy pronto Lola incorporaría su auténtica vocación: el americanismo.

Desde muy joven, Lola sintió una fuerte atracción por el mundo americano y por las aventuras del mar, vocación que se alimentó con largas horas de lectura en los veranos familiares en San Sebastián. Allí, como solía recordar, aprendió a nadar antes que a hablar. Aquella temprana fascinación no fue un simple juego infantil, sino el origen de una pasión profunda que la convirtió, como escribiera Juan Ramón Jiménez, en un alma hecha de mar.

“El mar. La mar. El mar. ¡Solo la mar!”

Rafael Alberti

Entre 1961 y 1964 cursó estudios de música, una de sus grandes pasiones, en el Real Conservatorio Superior de Madrid, y en 1969 fue elegida para ocupar la cátedra de Historia del Arte en la recién creada Escuela Superior de Canto. Compaginó esta actividad con los estudios en Historia de América en la Universidad Complutense, licenciándose en 1970 bajo la guía de grandes maestros que le inculcaron la importancia de la verdad histórica.

Ese mismo año comenzó una etapa decisiva: una joven y audaz recién graduada decidida a trabajar en el Museo Naval de Madrid, institución que custodiaba uno de los archivos americanistas más relevantes, encontró el respaldo visionario del almirante Guillén, su director. De esa confluencia de vocación y visión nacería la Unidad de Investigación de Arqueología Submarina.

Respaldada por Guillén inició su formación como buceadora de primera categoría con Joaquín Saludes, uno de los grandes profesionales civiles del momento. Aquella preparación, unida a su determinación, la convirtió en pionera: la primera mujer submarinista de la Armada española.

Durante 40 años ocupó en el Museo Naval cargos de gran responsabilidad —investigación, conservación y exposición— hasta culminar como directora técnica. No en vano es reconocida internacionalmente como “Lola Museo Naval”.

Su labor se adelantó a los consensos internacionales practicando, mucho antes de la Convención de la UNESCO de 2001 sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, los principios de la conservación in situ, la investigación científica, la cooperación interdisciplinar y la educación pública entendida como difusión y acceso responsable. En España, en plena sintonía con la Ley de Patrimonio Histórico de 1985, supo tender puentes entre la Armada, la ciencia, los museos y la ciudadanía, cimentando un modelo de protección y divulgación que hoy se reconoce como fundacional.

A lo largo de su carrera ha documentado más de dos mil expedientes de naufragios españoles, fruto del intenso tráfico de la Carrera de Indias, construyendo una base documental sólida y, al mismo tiempo, un relato vivo que nos permite comprender la magnitud de nuestra historia marítima. Con ello, Lola Higueras ha reivindicado siempre el valor de nuestro legado universal, situándolo por encima de los relatos dominantes que otras potencias, como Inglaterra o Francia, quisieron imponer. Su trabajo nos recuerda que España navegó todos los mares y dejó su huella en todos los océanos, aportando un patrimonio cultural cuya riqueza y magnitud no tienen parangón.

Las publicaciones y la labor editorial de Lola Higueras son otro de los pilares de su trayectoria; más de 200 publicaciones académicas y de divulgación, marcadas por el empeño en investigar y difundir la historia marítima española, en especial la marina ilustrada y los viajes científicos a América y el Pacífico en el siglo XVIII. Ha colaborado con revistas como Benthos, Drassana, la Revista de Historia Naval o el Boletín de la Sociedad Geográfica Española.

Entre sus proyectos más emblemáticos destacan la coordinación científica y editorial de la edición crítica de las fuentes de la Expedición Malaspina y la dirección de la colección Ciencia y Mar de Lunwerg, considerada el mayor esfuerzo editorial para la difusión de la cultura marítima española. A ello se suma la edición de obras de gran trascendencia, como Cuba Ilustrada o Marinos cartógrafos españoles, y, más recientemente, la dirección científica de La vuelta al mundo de Magallanes y Elcano; La aventura imposible (1519–1522). Su último libro, Despertar del olvido (2024), rescata con rigor el papel decisivo de las mujeres españolas en las Indias: guerreras y conquistadoras, encomenderas y emprendedoras, virreinas, gobernadoras y adelantadas, maestras y monjas, exploradoras, navegantes y fundadoras de ciudades, protagonistas de la epopeya marítima y americanista, y devuelve su contribución —tantas veces eclipsada— al lugar que nunca debió perder en la memoria colectiva.

Ella misma proclama con lucidez: “Tenemos los archivos más ricos de toda Europa, pero no publicamos lo suficiente. La divulgación es importante. Si no publicamos, no estamos.” Y fiel a este principio, además de publicar, ha intervenido en decenas de exposiciones, simposios, congresos y mesas redondas en España, Europa, América y Asia.

Además de su labor investigadora, Lola Higueras ha impulsado la gobernanza del patrimonio marítimo desde patronatos y comisiones clave. Ha formado parte de la Junta de Museos Militares y de la Comisión Técnica de Archivos y Museos Militares, del Real Patronato del Museo Naval, de la Sociedad Geográfica Española, de la Fundación Alvargonzález, de la Cátedra Internacional Elcano (CEU), del Instituto Histórico de Marina, de la Junta Nacional de Arqueología Submarina y de la Comisión Interministerial de Tecnología Oceanográfica. Su compromiso ha trascendido también las fronteras nacionales, en The Society for Nautical Research y The Nautical Archaeology Society.

Su trabajo ha contribuido también a luchar contra el expolio del patrimonio subacuático. Con rigor documental y compromiso ético, defendió que los restos de los naufragios no son botín, sino testigos de la historia común de los pueblos. El caso de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, expoliada y recuperada por el Estado español en el siglo XXI, muestra hasta qué punto resultó decisivo el conocimiento acumulado por pioneras como ella.

La enseñanza ha sido otra dimensión fundamental de su vida: enseñó en universidades y centros educativos nacionales e internacionales, así como, durante décadas, en el museo naval a jóvenes becarios del CSIC. Formó a jóvenes investigadores en las técnicas de la arqueología submarina y, al mismo tiempo, los sensibilizó y educó en la importancia de cuidar y proteger el patrimonio sumergido.

Por su labor muchas han sido las distinciones recibidas: la Medalla de Lepanto, Buceadora de Honor de la Armada, doble Cruz del Mérito Naval, Medalla de San Telmo, Miembro de Honor de la Sociedad Geográfica Española, académica de la Real Academia de la Historia española y argentina, académica de la Real Academia de la Mar, el Premio PERIPLO a la Investigación (2022) y el Premio MADBLUE “Cinco Océanos” (2023).

En la Odisea, Homero nos habla de las sirenas —Parthenope, Leucosia y Ligea—, guardianas de un saber profundo y enigmático. Primera buceadora de la Armada española, Lola descendió a las profundidades no para sucumbir a su canto, sino para devolvernos la memoria sumergida de nuestro patrimonio. Ha buceado en océanos de sal y en océanos de papel, explorando grandes archivos y hallando en ellos tesoros que hoy nos devuelven la herencia compartida de Europa y América.

Heredera de una estirpe de escultores, para quienes la piedra y el bronce cobraban forma en manos humanas, tomó el mar como su materia y supo esculpir en él su destino. No talló estatuas ni relieves, sino una vida profesional que se alza hoy como monumento: el de la mujer que abrió caminos y convirtió la investigación marítima en un legado vivo para la historia.

Lola Higueras ha sido siempre una enamorada de su trabajo, una mujer que se reconoce afortunada por haber dedicado su vida a la historia marítima, al buceo, a la enseñanza y a viajar en busca de lo diverso.

“No estudio por saber más, sino por ignorar menos”, escribió Sor Juana Inés de la Cruz, erudita del barroco hispanoamericano. Ese mismo espíritu ha guiado la vida y la obra de Lola Higueras, quien, a sus ochenta años, sigue demostrando que no existen jubilaciones del espíritu ni del saber cuando ambos están guiados por la pasión y el compromiso.

Quienes han trabajado junto a ella saben que, más allá de su rigor y de la monumentalidad de su legado, es una persona de trato cercano y afable, inteligente y generosa, cuya sonrisa ilumina e irradia entusiasmo e ilusión. Esa cualidad humana, unida a su pasión por el conocimiento, ha inspirado a colegas, alumnos y alumnas, amigos y amigas, dentro y fuera de nuestras fronteras. Y hoy, gracias a ello, celebramos un reconocimiento que es tan justo como merecido.

“Así pues, tenidos en cuenta y expuestos todos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito con toda consideración y encarecidamente ruego que se otorgue y confiera a la DOCTORA DOLORES HIGUERAS RODRÍGUEZ el supremo grado de Doctora ‘honoris causa’ por la Universitat Politècnica de València”. 

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