antonio font i arellano

Laudatio

Javier Pérez Igualada

Sr. Rector Magnífico de la Universitat Politècnica De València

Dr. Antonio Font

Sras. y Sres. Vicerrectores

Sras. y Sres. Claustrales

Autoridades

Sras. y Sres. miembros de la Comunidad Universitaria

Familiares y amigos

Sras. y Sres.

La propuesta del Departamento de Urbanismo de nombramiento del profesor Antonio Font Arellano como doctor honoris causa fue aprobada por unanimidad por el consejo del departamento; ha recibido el apoyo institucional de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la UPV y del Colegio de Arquitectos de la Comunidad Valenciana, y ha obtenido asimismo el respaldo de dos premios Pritzker y de un amplísimo grupo de eminentes académicos y de prestigiosos profesionales del urbanismo, tanto nacionales como internacionales, algunos de los cuales han sido mencionados por el secretario general de la universidad. A todos ellos queremos dar las gracias públicamente por su caluroso respaldo. Igualmente, agradecemos enormemente a la Universidad Politécnica de Valencia, y a su Rector y consejo de gobierno, el que hayan hecho suya nuestra propuesta.

El nombramiento como doctor honoris causa de un arquitecto urbanista del prestigio de Antonio Font es motivo de gran satisfacción para nuestro departamento, ya que supone un reconocimiento y afirmación desde la universidad, y ante la sociedad, del papel fundamental que tienen el urbanismo y la ordenación del territorio en el mundo actual, como disciplinas clave para afrontar los desafíos sociales y ambientales, y especialmente el reto de conseguir ciudades y comunidades sostenibles, uno de los recogidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, que inspiran las diferentes Agendas Urbanas desarrolladas en los últimos años.

El Urbanismo es una disciplina relativamente reciente. Durante siglos, para construir la ciudad no fue necesaria la existencia de una disciplina separada de la arquitectura: para el arquitecto del Renacimiento León Battista Alberti, por ejemplo, la ciudad era una casa en grande y la casa una ciudad en pequeño. Esta situación cambia de modo radical en el siglo XIX, como consecuencia de la revolución industrial, que lleva aparejada una concentración de población sin precedentes en las ciudades.

En este contexto, el urbanismo surge como un movimiento intelectual y profesional de reacción a lo que el geógrafo Peter Hall llamó La ciudad de la noche espantosa, tan bien representada en los grabados de Londres de Gustave Doré. El urbanismo surge, pues, para combatir los males de la sociedad del siglo XIX: los problemas de salud derivados del hacinamiento en infraviviendas, la contaminación y la insalubridad, que degradaban hasta niveles hoy inconcebibles las condiciones de vida en las ciudades europeas. Y para conseguir este noble objetivo social y ambiental, había que idear primero, y dar forma después, a una ciudad mejor.

Esto es lo que, en síntesis, sigue representando el mejor urbanismo: una mirada comprometida a la realidad social, unida a una voluntad propositiva, una voluntad de intervención en la realidad física en la que se desenvuelven las actividades humanas, para transformarla y mejorarla. Este es el modo en que ha entendido siempre la teoría y la práctica del urbanismo el profesor Antonio Font, y que ha hecho de él un referente para todos nosotros, por la capacidad intelectual, rigor y calidad de su trabajo, tanto en el terreno académico como en el profesional.

Hace algunos años, el catedrático Fernando de Terán, al reflexionar sobre la cuestión de la enseñanza del urbanismo en España, comenzaba constatando algo evidente: Que, en nuestro país, el urbanismo no es una profesión con titulación y enseñanza propias. En España no existen urbanistas. Existen arquitectos, geógrafos, ingenieros, licenciados en derecho, economistas, sociólogos, historiadores… que trabajan en urbanismo. Existen, por tanto, profesionales con diferentes formaciones de base que se dedican al urbanismo y la ordenación del territorio.

Que una disciplina como el urbanismo convoque tantas miradas desde tantas perspectivas diferentes da una idea de su importancia. En nuestro departamento, por ejemplo, reunimos profesores de seis áreas de conocimiento diferentes, pertenecientes a los campos de la Urbanística y ordenación del territorio, de las ciencias jurídicas y de la sociología.

Antonio Font ha aportado también una mirada al urbanismo capaz de integrar diferentes campos disciplinares, una mirada que va unida a una capacidad analítica especialmente rigurosa, que busca un conocimiento y descripción de la realidad lo más afinados posible.

Pero además Antonio Font es un arquitecto urbanista, y por ello presta especial atención a las dimensiones físicas o espaciales de los problemas sociales, económicos o ambientales. El análisis de la ciudad y el territorio es, desde esta perspectiva, un medio y no un fin, es la base para elaborar un diagnóstico que permita intervenir con las herramientas propias del planeamiento urbanístico, con el objetivo de reorientar en beneficio de la comunidad las tendencias espontáneas de uso del territorio.

Antonio Font ha perseguido con tenacidad este objetivo en el terreno del planeamiento, y su dilatada y brillante trayectoria, merecedora del Premio Nacional de Urbanismo, así lo demuestra, ya que abarca, a lo largo de más de cuatro décadas, planes y proyectos de todas las escalas para diversas ciudades españolas e iberoamericanas.

Es importante subrayar que el profesor Font, y de forma pionera, ha sido uno de los principales impulsores en nuestro país del planeamiento supramunicipal, mostrando una sensibilidad especial hacia los nuevos territorios metropolitanos contemporáneos.

La explosión de la ciudad es el acertado título de un libro muy influyente coordinado por el profesor Font en el que se estudian estos nuevos territorios. Efectivamente, estos territorios contemporáneos son resultado de la Explosión de la ciudad, término que hace referencia metafóricamente al proceso iniciado en la segunda mitad del siglo XX de urbanización masiva y discontinua del territorio.

Las nuevas condiciones de producción, de consumo y de movilidad, han dado como resultado una nueva realidad territorial fragmentada y heterogénea, una realidad que acertadamente describe el profesor Font como "un espacio físico de formas más o menos caóticas, de ocupación aparentemente errática, de lógica borrosa, en el que conviven las formas tradicionales de ciudad con las nuevas modalidades del crecimiento…. Un espacio discontinuo, desconcentrado, en permanente desequilibrio, que rompe el orden morfológico y de estructura espacial de la tradicional ciudad compacta..."

En estos nuevos territorios, la complejidad, lo incierto y lo aleatorio deben aceptarse como algo estructural, como elementos intrínsecos del modelo espacial.

Los instrumentos de planeamiento urbanístico tradicionales no se idearon para dar respuesta a una realidad territorial fragmentada y heterogénea, ni para trabajar con lo incierto o lo aleatorio. Pero ello no significa que debamos aceptar sin más el caos y la desregulación, sino que debemos renovar esos instrumentos. Y a ello ha contribuido de forma notable el profesor Font, aportando siempre ideas novedosas y oportunas para refundar el planeamiento urbanístico sobre nuevas bases.

Hay que destacar además que Antonio Font ha trasladado a la enseñanza y a la investigación universitarias esas nuevas ideas que buscan renovar la práctica del urbanismo, contribuyendo así a evitar la disociación entre los campos académico y profesional, y favoreciendo la transferencia de conocimiento.

Como miembro fundador del seminal Laboratorio de Urbanismo en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, el profesor Font participó activamente en la renovación de la enseñanza del Urbanismo, y especialmente en la incorporación de la escala territorial, y ha sido también un referente en cuanto a investigación, como director de tesis doctorales, coordinador de exposiciones y autor de un relevante conjunto de publicaciones.

Las nuevas ideas, que Antonio Font ha contribuido a perfilar y afianzar con su trabajo académico y profesional, se han ido abriendo paso progresivamente en los campos de las políticas urbanísticas, de la legislación, de las estrategias y de las normativas reguladoras del planeamiento. Son ideas que hoy asociamos al término “sostenibilidad”, término que marca el nuevo horizonte de la disciplina urbanística, y que se encuadra en un paradigma más amplio que el medioambiental, ya que debe entenderse como reflejo de un programa renovado de compromiso con la equidad intergeneracional, interterritorial y social.

Esta es la perspectiva desde la que se aborda la enseñanza del urbanismo en nuestro departamento y en la universidad, una perspectiva enraizada en la voluntad de servicio a la sociedad. Porque el urbanismo que buscamos transmitir a nuestros estudiantes es precisamente el que representa el profesor Antonio Font, un urbanismo que no es sumisión a los intereses particulares, sino servicio público, servicio a los intereses de la sociedad, al proyecto común de habitar nuestras ciudades y territorios de un modo racional, que es lo que en el fondo significa “sostenible”.

No quiero terminar mi intervención sin una referencia final a la relación entre civilización y ciudad, entre urbanidad y urbanismo. En estos tiempos convulsos que vivimos, La ciudad de la noche espantosa de la que hablaba Peter Hall sigue existiendo en numerosas partes del mundo, unas veces a causa de la pobreza y la desigualdad, y otras veces cuando sucede que la ciudad está iluminada de noche sólo por el resplandor de bombardeos e incendios. Y también cuando, por desgracia, hablar de La explosión de la ciudad no es sólo una metáfora para hablar de la ciudad dispersa, sino que refleja lo que está ocurriendo literalmente en algunas ciudades de Ucrania.

Como urbanistas y como universitarios, no podemos permanecer en este acto público al margen de estos hechos. Urbanismo es urbs, urbanidad, ciudad es civitas, civilización. Y Universidad es afirmación de lo universal, de lo que nos une como seres humanos. Este acto de investidura como doctor honoris causa de un arquitecto urbanista puede ser, por tanto, además de un acto académico, un acto de firme rechazo hacia los destructores de ciudades y de vidas, y una reivindicación, a través de la figura del profesor Font, del noble trabajo de dar forma a nuestras ciudades y territorios, ideando y construyendo los espacios en los que se desarrolla la vida de las personas.

Termino ya. Con ocasión del nombramiento como Catedrático emérito del profesor Font, se publicó un excelente libro sobre su trabajo docente, investigador y profesional, titulado Territorios urbanos. Memoria de una búsqueda apasionada. Deseamos a Antonio Font que esta alta distinción que recibe hoy suponga un estímulo para que esa búsqueda pueda prolongarse en el tiempo por muchos años con la misma pasión.

Javier Pérez Igualada

Director del departamento de Urbanismo de la UPV 

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