antonio font i arellano
Discurso de Antonio Font i Arellano
Doctor honoris causa UPV
Bon dia, buenos días. Señor magnifico rector de la universidad politécnica de valencia, señores padrinos, señoras y señores vicerrectores, compañeras y compañeros amigos de la universidad, señoras y señores claustrales, autoridades, familiares y amigos, señoras y señores.
Mi agradecimiento por el enorme e inmerecido regalo que me hace esta universidad frente a mis escasos méritos, suplidos ahora con creces por la generosidad de esta institución y de sus distinguidos miembros, también por el apoyo a mi nombramiento por parte de un centenar de profesores valencianos, catalanes y del resto del estado, así como de Italia, de Francia, de Bélgica, de Holanda, de Chile, de Argentina, de Brasil, de Colombia, con los que he mantenida alguna colaboración y contacto académico. Mi agradecimiento especial a los profesores del departamento de urbanismo y ordenación del territorio de esa universidad, representados por su director Javier Pérez Igualada, copadrino de esta investidura, y muy especial a los doctores y amigos Ramon López Lucio y José María Ezquiaga de la universidad politécnica de Madrid, a Joaquín Sabaté y Carles LLop de la de Cataluña, también promotores de este evento, junto con el doctor Enrique Giménez Baldrés, profesor de esta universidad, copadrino y principal instigador del mismo, cuya proximidad académica y amistad ha quedado en manifiesto en la inmerecida laudatio que acabáis de escuchar. Como podrán suponer, mi dedicación a la universidad a lo largo de más de 50 años, toda mi posible producción en teoría de ciudad o en la práctica de proyecto urbano y territorial, es deudora del trabajo en equipo de diferentes plataformas académicas, inicialmente con el laboratorio de urbanismo de Barcelona, de su escuela de arquitectura y después con los de mi catedra de la urbanística del Vallés, especialmente con las profesoras Lorena Maristany y Silvia Mas, o anteriormente, también profesional en el taller de arquitectura y urbanismo TAU, con mis amigos Juli esteban y Guio Montero, y con todas las personas que en una o en otras han colaborado con nosotros. También gracias a la resignación y paciencia de mi mujer, de mis hijos y de la familia en general, por la ausencia mía en largos fines de semana o durante periodos de dedicación intensiva por mis trabajos y compromisos académicos. Muchas gracias también a todos aquellos no citados con anterioridad, que también han apoyado mi nombramiento, a los que han puesto su entusiasmo para poder asistir, o su esfuerzo para hacer posible la celebración de este acto de mi investidura, y de recepción de los nuevos doctores de esta universidad, mis nuevos colegas a los que quiero también saludar muy muy afectuosamente. Finalmente recuerdo también aquellas personas que no han podido venir a causa del COVID o por otros motivos de última hora y una muy especial en estos días para aquellos ciudadanos que sufren las injusticias provocadas por las diferentes guerras en el mundo. Como se ha dicho antes, mi relación con esta institución a través de su escuela de arquitectura y con otras instituciones valencianas, tiene más de cuatro décadas, desde la fundación de la propia escuela de arquitectura, la creación de su departamento de urbanismo y ordenación del territorio, que alentamos entonces desde nuestro laboratorio de urbanismo de la escuela de Barcelona con mi añorado maestro y amigo Manuel Sola Morales Rubio, la consolidación de los profesores titulares y en un largo recorrido posterior, con mi participación también en otros tribunales de oposiciones del profesorado así como en alguna tesis doctorales o en otras investigaciones. También en seminarios y jornadas, entre los que recuerdo especialmente el organizado conjuntamente en esta universidad en noviembre del 2000 que titulamos la construcción del territorio, con la presencia invitada de figuras internacionales en la materia, que antes ha citado el secretario general, la participación de una veintena de otros investigadores nacionales y la exposición con el mismo nombre celebrada en este rectorado de los trabajos de análisis territorial entonces en curso sobre las regiones urbanas de valencia y de Barcelona. Ambos actos fueron el impulso por una investigación internacional luego denominada la explosión de la ciudad, que con la participación de trece grupos académicos en Francia Italia Portugal y España entre ellos un equipo de valencia, tuvo su desarrollo a lo largo de una década y produjo creo yo importantes contribuciones al conocimiento territorial, recogidas en diversas publicaciones y exposiciones internacionales como las de Milán, las de Bolonia, la de Lisboa, la de Túnez, la de Madrid repetidas veces o la de Barcelona. Igualmente, mi relación con otras instituciones del país como los colegios de arquitectos de valencia, de alicante y Castellón con algunas conferencias sobre temas urbanísticos diversos, así como con el ilustre colegio de abogados de esta ciudad en diferentes ocasiones sobre aspectos relacionados con el derecho urbanístico. Una relación por tanto sostenida en el tiempo de interés y a la vez de preocupación por el crecimiento y el desarrollo urbano y territorial de la comunidad valenciana, tan significativo desde el punto de vista científico y académico, como caso de estudio para un mayor conocimiento de nuestro territorio metropolitano mediterráneo y como eventual laboratorio de experimentación de nuevas formas de diseño y gobierno urbano y territorial. Permitidme pues que tras reiterar mis agradecimientos y recordar sintéticamente mi itinerario en relación con vosotros, aproveche la oportunidad que me brinda este acto, para reflexionar brevemente y de forma sencilla para gente que no necesariamente conoce la materia sobre la transcendencia social del urbanismo y reivindicar su necesaria renovación tanto en su dimensión de disciplina académica como en la de su práctica técnica y administrativa, especialmente en estos momentos postpandemia de incertidumbre y de cambio en todos los órdenes, el orden espacial, el social, el económico, el tecnológico, el político. Reconocemos la situación actual de enorme diversidad en nuestras ciudades y los territorios rurales y la creciente brecha social en la utilización y disfrute del espacio urbano en la que el siempre insuficiente conocimiento sobre la realidad urbana y territorial y sobre los procesos de cambio en curso, así como la existencia de instrumentos poco eficaces para su nuevo desarrollo y transformación no hacen fácil una respuesta social y disciplinar satisfactoria. Las universidades politécnicas como la nuestra, como estas, sobre todo a partir de las disciplinas de la ingeniería civil y de la arquitectura y de sus profesionales como expertos en la configuración espacial y material de la ciudad y del territorio, ha de ser los ámbitos académico y de colaboración profesional tanto para la reflexión y creación del conocimiento urbanístico como de ensayo y propuesta por una renovada intervención, socialmente más justa, funcionalmente más eficaz y ambientalmente más eficiente. Los generalizados problemas de nuestras universidades, como son la ausencia de recursos suficientes para la investigación y la docencia, el desequilibrio entre ambas en la actividad universitaria, la frecuente desconexión entre la docencia y la realidad, además de los inadecuados sistemas de acceso al profesorado y excesiva burocratización de sus procesos sin dejar de ser importantes y urgente su solución, no debería ser obstáculo insalvable para seguir trabajando incansablemente en nuestra tanto en nuestra tarea en la exigencia ética universitaria y en el compromiso con la realidad para su progresiva transformación y mejora. Pero ¿qué es el urbanismo y cuál es su incidencia? El consejo europeo de urbanistas, en una larga y corporativa definición del urbanismo que resumo, dice, abriendo comillas, el urbanismo y la ordenación del territorio comprende todas las actividades relacionadas con el desarrollo urbano y los usos del suelo, cierro comillas. Definición un tanto omnicomprensiva que sitúa el campo de conocimiento e intervención sobre la materia en todas aquellas disciplinas, la arquitectura, la ingeniería civil, la geografía, la sociología, la economía, el derecho, la ecología, etcétera, que directa o indirectamente se relacionan con el espacio urbano y sus profesiones derivadas. Una tarea por tanto multidisciplinar, pero a diferencia del resto de disciplinas, en arquitectura y en ingeniería civil no se trata solo de saber, sino también de saber hacer, por eso, el urbanismo se ha considerado como arte, ciencia y técnica a la vez. Se trataría de una acción informada por la teoría, y a la vez, una teoría informada por la acción, de una disciplina académica, teórica y práctica, para el estudio de la realidad urbana o territorial de los problemas de la configuración espacial y la consecuente formulación de propuestas para su desarrollo y mejora. Como actividad técnico-social y político-administrativa, sus contenidos e instrumentos han variado a lo largo de la historia en función de situaciones políticas, de circunstancias económicas, de demandas sociales de cada época, materializándose en muy diversos tipos de asentamientos urbanos y estructuras territoriales. No obstante, en su evolución a lo largo del tiempo, siempre ha estado presente ciertas dimensiones y maneras de aproximarse a su objeto de estudio y campo de intervención, en particular las tres siguientes:
Primera, la voluntad de transformación social, desde aquellas propuestas utópicas del diecinueve, hasta la posterior institucionalización política y administrativa del urbanismo y su legitimación como instrumento de reforma social.
Después, la búsqueda de una racionalidad científico-técnica, emparentada con la de las ciencias sociales en la detención y dimensionado de las necesidades ciudadanas, la localización espacial de las respuestas, su configuración, etcétera. Desde el funcionalismo del antiguo movimiento moderno arquitectónico, hasta las no tan recientes y pretenciosas Smart Cities. El urbanismo no se formalizaría propiamente como tal hasta la segunda mitad del siglo XIV, aunque su práctica más o menos formalizada de ciertos trazados, determinaciones sobre el uso del suelo y la edificación, normas ordenadoras, etcétera, vienen desde el origen de los asentamientos urbanos. Sus aciertos y sus errores, o su ausencia en la configuración de aquellos a lo largo del tiempo ha sido buena parte responsables de las condiciones de vida de nuestras ciudades y de nuestros territorios. Recordemos por un momento las ciudades del mundo que conozcamos o la propia de cada uno de nosotros, dejando al margen la huella quizás todavía visible en algunas de ellas de sus inicios, pensemos en etapas más recientes de su historia, con toda seguridad, esas ciudades serían diferentes si no hubiesen pasado por un episodio de diseño y de construcción proyectados por alguno de los motivos y ejemplos siguiente. En ocasiones como consecuencia de la reforma urbana con proyectos históricos por ejemplo como la Piazza del Popolo en Roma, o la reforma de París de Osman, o la calle Paz en Valencia y recientemente en casi todas las ciudades por motivos muy diversos. En otras ocasiones, por sus extensiones, con los proyectos históricos de los ensanches, como los cases de Lisboa o de Trieste o en nuestro país Barcelona, Madrid, San Sebastián, o el de la propia Valencia de 1884, todas ellas de potente geometría organizadora de la ciudad y un necesario referente no siempre correctamente seguido para su posterior crecimiento. También en los proyectos o de fragmentos de ciudad antiguos o modernos, como la Piazza de San Marcos de Venecia, los barrios residenciales entreguerras en las ciudades centroeuropeas, las nuevas centralidades urbanas como Canary Wharf londinense, o La Défense de París, o de las actuales ciudades globales asiáticas como Shanghái o como Dubái.
Aunque fuera muy elemental nuestro conocimiento de la evolución de nuestra ciudad, si le sumamos nuestra percepción visual de su paisaje urbano, estaríamos de acuerdo en que para bien o para mal, la repercusión material y por tanto la transcendencia social de urbanismo es evidente en la configuración del espacio físico habitado, en la distribución de las funciones urbanas y en el trazado y previsión de sus infraestructuras. ¿Cuáles serían entonces los principales motivos de la actual crisis de urbanismo del que todo el mundo habla? La crisis internacional de las energías de mediados de los setenta, del pasado siglo, con los cambios que supuso en los procesos productivos el incremento de la movilidad para el territorio, junto con la incidencia de los avances tecnológicos en la automatización y en las telecomunicaciones y el relevo de la industria por los servicios como motor principal del proceso de urbanización, han sido seguramente los motivos principales para la anteriormente citada explosión de la ciudad. La emergencia de un nuevo modelo de ciudad, muy diferente a la ciudad compacto y contina tradicional, era una ciudad que crecía con contigüidad en mancha de aceita y conformaba periferias dependientes de la ciudad central, en cambio ahora, nos encontramos con una ciudad y un territorio ocupado, fragmentario, disperso, integrado por núcleos heterogéneos e interactivos entre sí, y tiene esto evidentes consecuencias en el consumo del suelo, en la transformación del paisaje, en la generación de los flujos de movilidad, en todos los sentidos, en todas las direcciones y también en la aparición de nuevas modalidades de asentamientos urbanos. Situación que ha ido afianzándose durante el proceso de globalización y agravándose con la crisis económica y social del 2008 y más recientemente del 2017, especialmente desde la pandemia del COVID, con el cambio de prioridades sociales y la aparición de nuevas necesidades, comportamientos y estilos de vida, que ya no debiéramos ignorar y que han puesto en crisis algunos de los principios tradicionales del urbanismo por ejemplo, las ventajas indiscutibles de la compacidad frente a la dispersión, la conveniente separación entre los diversos usos y actividades urbanas, como nos recomendaba la carta de Atenas, el imprescindible rodado privado a las actividades centrales, la separación en los espacios de los diferentes grupos sociales por renta, por origen, por cultura, bueno, todas estas cosas hoy las vemos absolutamente de otra manera.
Durante este último período de la pandemia además, hemos podido constatar la generalizada insuficiencia en equipamientos sanitarios, especialmente también la de su personal, y la ausencia de bienes y equipos básicos para poder afrontar la crisis sanitara adecuadamente y las nuevas realidades físicas y sociales que van apareciendo, como por ejemplo, el aumento de la demanda de vivienda fuera o en las periferias de las grandes y medianas ciudades, por el elevado coste del alquiler, por la congestión viaria o la contaminación ambiental. Pero también una parte importante de la población, tras el confinamiento, ha reducido el uso de la ciudad y las relaciones sociales aumentando el uso del espacio telemático, el teletrabajo, el comercio digital, las videollamadas, etcétera… acortando la distancia entre personas, disminuyendo al menos temporalmente algo el uso del automóvil privado y aumentando en cambio en gran manera la distribución rodada de bienes y servicios por la ciudad. El uso de la ciudad central preferentemente como lugar de trabajo, de negocio, de relaciones sociales y ya no tanto como obligada residencia en el marco de la dispersión territorial en curso, o a nivel arquitectónico, la preferencia por la vivienda absolutamente abierta al exterior en presencia de jardines o al menos de amplias terrazas, de amplios balcones, extremando las condiciones de confort ambienta, la flexibilidad espacial en el uso de la vivienda y su autonomía energética. Todo ello, en el actual marco de la distancia creciente entre el contenido de la mayoría de los planes urbanísticos vigentes y la realidad del crecimiento y transformación de nuestras ciudades. La generalizada burocratización del urbanismo, la pobre participación pública en la elaboración de los planes y la más que frecuente y siempre desgraciada corrupción urbanística por lo que el urbanismo se ha entendido popularmente como una práctica política y administrativa que ha sido demasiadas veces legitimadora de la desafortunada destrucción de nuestro territorio. La actual crisis tiene hondas raíces en cambios culturales y sociales que no son exclusivas del urbanismo, los problemas que ahora este debe abordar reflejan también los cambios en la concepción de la realidad y de las prioridades sociales desde hace algún tiempo también en otras disciplinas, como las ciencias naturales, la filosofía, las humanidades en general. Ello por tanto va a suponer necesidad de repensar ahora nuestra disciplina, lejos de supuestas certezas teóricas y deficiencias de instrumento anteriores, desde la incertidumbre y la creciente complejidad en los procesos de construcción del territorio y sus ciudades en el marco eso sí de la transdisciplinariedad, necesaria para abordar en profundidad la situación actual, pero sin minusvalorar la dimensión física propia de urbanismo, pues es en el espacio donde se encuentran los lugares de oportunidad para la intervención y desde donde pueden establecerse las estrategias y la toma de decisiones adecuadas para su reforma y mejora. El fenómeno urbano se manifiesta así actualmente en su desconcertante enormidad, reclamando una nueva y profunda reflexión teórica sobre la naturaleza de la ciudad y el territorio y en consecuencia sobre las potencialidades y el grado de adecuación de los instrumentos de intervención existente. En definitiva, sobre el propio uso.
Voy acabando. ¿Cuáles son entonces, cuál serían las principales cuestiones para una renovación del urbanismo? A pesar de adversas condiciones estructurales señaladas y de unos marcos legales de configuración del urbanismo que no ayudan precisamente a su renovación, algunas experiencias recientes de planeamiento y gestión, tanto locales como países de nuestro entorno ecográfico y cultural, demuestran la capacidad de innovación y de búsqueda disciplinar en el acercamiento a los nuevos problemas territoriales y a unas nuevas fórmulas de intervención capaces de superar las limitaciones estructurales señaladas. De los mejores ejemplos de aquellas experiencias, se deducen algunas de las cuestiones más relevantes para la ordenación urbanística actual, y que debiéremos tener en cuenta. Primero, la compartida necesidad de una aproximación eficaz entre las diferentes disciplinas territoriales frente a las limitaciones de los campos disciplinares tradicionales sobre las nuevas situaciones y problemas, con la finalidad de enriquecer su conocimiento y contribuir a la renovación de los instrumentos de intervención. Segundo la necesidad también de una integración adecuada de la demanda relativa al medio ambiente y al paisaje, en la elaboración y en las determinaciones del planeamiento urbanístico, la necesaria consideración de la ciudad y del territorio, como un único sistema con el que los proyectos deben confrontarse, para inserir sus propuestas en una realidad frágil, más a ordenar y vertebrar que no a ocupar y colonizar, introduciendo mecanismos adecuados de evaluación y control del proceso de planificación. Tercero, frente a la visión tradicional demasiado frecuente del crecimiento urbano como ilimitada extensión, la necesidad de plantear cuando sea conveniente la posible densificación de las áreas urbanas centrales y la recuperación y densificación de las tramas de baja densidad, así como una reordenación de suelo urbanizado, pero todavía no ocupado. Cuatro, la concepción integral de la ordenación del territorio, también desde la escala municipal, lo que supone la consideración del sistema de espacios libres como un componente más de la estructura, en el que han de jugar un papel vertebrador y articulador de los diferentes tejidos existentes o de nueva creación. Quinto, la conveniencia de concebir la estructura urbana y territorial a partir de la infraestructura del transporte público, metro, ferrocarril, autobuses, etc. Frente a la lógica tradicional de la movilidad individual, en la búsqueda de un modelo integrado como elemento indispensable para la recualificación de las ciudades y en la decidida opción por la potenciación del transporte público. Sexto, la necesidad de un consumo ajustado del suelo, en una ciudad juiciosamente compacta, que evite tanto lo enormes costes ambientales y sociales de la dispersión urbana como también los problemas de hacinamiento y sobredensificacion que se producen en algunos de los sectores de la ciudad compacta tradicional, muchas veces motivo, junto con las dificultades en el mercado inmobiliario residencial o en el empleo de aquellos procesos de dispersión. Séptimo, frente a la tradicional disociación entre el planeamiento urbanístico y los programas de vivienda, la conveniencia de recuperar la residencia como uno de los ejes básicos del plan, prestando especial consideración a los nuevos programas de densidades, viviendas para jóvenes, residencia asistida para mayores, etc. Y a los regímenes de protección y alquiler a los grupos sociales de menor renta, programas de vivienda que por su alcance territorial de los procesos en curso, deberán tener en muchos casos, un ámbito metropolitano, aunque su desarrollo pueda ser, en buena parte, municipal. Finalmente, octavo, la necesidad de la escala supramunicipal, como marco de referencia, tanto para una adecuada ordenación municipal, que frecuentemente, desgraciadamente, no encuentra directrices territoriales para el encuadre de sus determinaciones, así como para el planeamiento de los territorios metropolitanos y de otros sistemas urbanos complejos, formulado desde el compromiso con los problemas y las situaciones existentes y las capacidades de intervención. En suma, reivindicar por tanto el urbanismo, social y académicamente, tratando de darle un nuevo impulso, volviendo a legitimarlo como instrumento y arma potente para el progreso de nuestra sociedad, en el respeto al territorio y a la ciudad como patrimonio colectivo, e invitando a su renovación disciplinar y profesional, desde una posición ética de compromiso con las nuevas situaciones y la voluntad de afrontar los problemas reales de nuestro entorno, un urbanismo por tanto, más moderno, más consciente de sus capacidades y de los diversos momentos agentes e instrumentos en el conocimiento, en el crecimiento y en las transformaciones urbanas, un planeamiento urbanístico conceptualmente más riguroso, flexible y estratégico, abierto a las posibles contingencias de escenarios diversos desde el conocimiento renovado del funcionamiento de los procesos urbanos y de las lógicas internas del mercado del suelo, pero también desde la irrenunciable y esforzada defensa de los intereses colectivos, en definitiva, un urbanismo como imprescindible instrumento de gobierno y administración racional y democrática de la ciudad y del territorio. Muchas gracias por su atención.