enrique ballestero pareja
Discurso de Enrique Ballestero Pareja
Doctor honoris causa UPV
Crisis económica en los años 2000: un debate con Marx y Malthus
Señor Rector, autoridades, colegas y amigos, mirar quien tengo aquí a la derecha. ¿Se le ve bien? Es Carlos Marx, el teórico de la izquierda marxista. Creo que se le reconoce enseguida, su cara ancha, sus melenas y sus barbas blancas, su bigote algo más oscuro, su expresión preocupada, su traje del siglo XIX. Pero cuando hable quizá no se le reconozca tan pronto por sus palabras. Marx no es un demagogo sino un científico riguroso. Le gusta analizar, ser didáctico, proponer ideas generosamente. Y mirar ahora quien tengo a la izquierda. Es Thomas Malthus, otro célebre economista clásico pero no de izquierdas. El retrato de este economista circula poco por ahí. Malthus ha pasado a la historia ocultando su fisonomía de clérigo anglicano. En realidad tiene una cara larga, con el ceño algo arrugado pero sonriente. Va afeitado pero se deja patillas y parece más joven que Marx, con el pelo castaño. Simpático con las personas de confianza, se muestra despreciativo hacia las ideas que no encajan con el estándar inglés. Cuando le presentan a alguien, su movimiento instintivo es separarse tímidamente de la persona presentada dando un paso atrás. Como los gatos, se mantiene prudentemente a distancia excepto en casos justificados. En el seminario le han enseñando a declamar teatralmente desde el púlpito, pero él prefiere observar y leer. Cuando oye alguna palabra que le suena rara, la busca enseguida en el diccionario. Cumple siempre con su deber.
Marx y Malthus van a llevar el peso de este debate. Yo voy a actuar sólo como moderador, haciendo preguntas, pero sin aportar ideas propias.
1. Crisis en el capitalismo industrial puro
Moderador. Profesor Marx, ¿porqué hay crisis económicas?
Marx. Por las contradicciones internas del sistema capitalista. Yo he pronosticado que el capitalismo no será destruido por movimientos políticos, sino que se autodestruirá desde leyes matemáticas de la economía. La acción política y la lucha sindical carecen de fuerza para substituir un sistema económico por otro, pero las leyes de la economía son implacables. El capitalismo no morirá de muerte violenta sino de muerte natural.
Moderador. Leyes matemáticas de la economía…. Marx, habla usted cómo Quesnay: la economía está sujeta a leyes físicas. Quesnay decía que los gobernantes están locos cuando buscan soluciones políticas a las crisis económicas. Están tan locos como los reyes que dictaban decretos prohibiendo a las olas del mar hundir sus barcos de vela.
Marx. Exactamente.
Moderador. La cuestión es saber de qué leyes se trata y cómo actúan en el contexto de las crisis.
Marx. Intentaré explicarlo. Tengo que simplificar, porqué el problema es bastante complejo. Las simplificaciones disgustan a la gente puntillosa y pedante, pero son necesarias para ir directamente al grano. Creo que la causa más profunda de las crisis hay que buscarla en la ley de la plusvalía creciente.
Moderador. La palabra “plusvalía” me suena. Las plusvalías, he oído yo, son algo así como el beneficio de las empresas capitalistas. Eso se decía en círculos culturales cuando usted, Marx, estaba más de moda.
Marx. ¡Qué disparate! Quienes decían eso no me habían leído o no me habían entendido. La plusvalía no tiene nada que ver con el dinero. Yo explico las crisis en términos de economía real, no monetaria. El dinero no juega ningún role en la economía profunda. La plusvalía es el ratio entre productividad real y consumo real. Voy a escribir la fórmula en la pantalla para más precisión.
Vamos a ver lo que ocurre con el numerador del ratio. La productividad real agregada crece rápidamente porque el progreso tecnológico permite fabricar más cantidad de productos industriales con las mismas horas de trabajo, o equivalentemente, permite producir igual cantidad con menos horas. Veamos ahora el denominador. El consumo real agregado crece más lentamente que la productividad. Entre otras causas, esto se debe al ajuste en los costes salariales reales. En una economía capitalista industrial competitiva, las empresas ajustan sus costes salariales reales a la baja, tanto como se lo permite la mayor productividad. Esto repercute en desempleo y en menor poder adquisitivo de los trabajadores, por lo cual el consumo no se expansiona a la misma tasa que la productividad. Habrá que explicar esto después con más detalle pero ahora es suficiente. El desequilibrio entre productividad y consumo se agudizara en ciertos periodos, y entonces las empresas tendrán dificultades para vender la producción conjunta en el mercado. A medida que estos periodos críticos se repiten y se agravan, la economía capitalista se hará insostenible. Me gustaría conocer la opinión del doctor Malthus sobre mi hipótesis.
Malthus. Bueno, tengo algunas dudas. No estoy seguro de que el consumo se estanque.
Marx. El consumo no se estanca, pero aumenta a tasas moderadas que no bastan para absorber una capacidad de producción muy expansiva. Podemos examinar las causas con algún detalle. En primer lugar, los ajustes a la baja en los costes salariales reales y su impacto sobre el consumo, ajustes a los que me he referido antes. En segundo lugar, la incertidumbre. Los trabajadores viven en un clima de incertidumbre sobre su puesto de trabajo. Temen perder su empleo, y esto les predispone a ahorrar en detrimento del consumo. En tercer lugar, la elasticidad del consumo respecto al ingreso, la cual es más bien pequeña. Para muchos productos industriales, puede haber saciedad, es decir, los consumidores se cansan de comprarlos cuando ya disponen de ellos suficientemente. Como consecuencia de ello, los trabajadores que conservan su empleo y que ganan incluso salarios mayores en términos reales, no incrementan su consumo en proporción a su mayor salario.
Malthus. Bien, pero estamos olvidando un detalle: los precios.
Marx. Reconozco que los precios reales de los productos industriales bajan lo cual favorece al consumo. Pero esto es insuficiente para compensar los efectos negativos que hemos visto antes. Para verlo más en detalle, supongamos que la productividad industrial se multiplica por cinco, de modo que el coste salarial real agregado se puede reducir a la quinta parte manteniendo el nivel de producción. Menores costes salariales implicarán menores ingresos salariales reales en el presupuesto agregado de las familias trabajadoras industriales, lo cual implicará a su vez menores recursos disponibles para el consumo. Pero si la economía es competitiva, los precios reales de los productos industriales caerán paralelamente al coste salarial. Desde luego, habrá que matizar la intensidad de estas caídas en los precios, teniendo en cuenta que el proceso de producción incluye también costes no salariales, pero podemos prescindir de este detalle en nuestro razonamiento. Se puede pensar equivocadamente que estos cambios no influirán significativamente en el poder adquisitivo de los trabajadores: precios más bajos compensarán ingresos salariales más bajos. Pero esta conclusión es falsa, porqué la cesta de la compra no sólo se compone de productos industriales, sino también de alimentos, productos energéticos y servicios.
Moderador. Y los precios de los alimentos, la energía y los servicios pueden subir o permanecer estables. Esto lo sabe muy el Dr. Malthus. Me refiero a la famosa hipótesis malthusiana sobre los alimentos y la población mundial.
Malthus. Bueno, la mayoría de los recursos energéticos son recursos no renovables. Yo creo que sus precios tenderán al alza si la población mundial se sigue expansionando como hasta ahora. Los precios de los alimentos pueden evolucionar de modo parecido o permanecer estables. La productividad de los servicios aumenta lentamente, y por eso yo no creo que sus precios reales se vayan a abaratar en el futuro.
Marx. De acuerdo. Si articulamos ahora todos los factores anteriores, evolución de los precios reales, incertidumbre de los trabajadores sobre su puesto de trabajo, saciedad en la compra de productos industriales, podemos construir una curva que relacione consumo real agregado de productos industriales con productividad industrial. Voy a dibujar esta curva en la pantalla.
En esta figura, se asume que la población mundial permanece constante, una hipótesis simplificativa que se puede levantar sin deterioro apreciable de la línea analítica. En el eje horizontal llevamos la productividad industrial. En el eje vertical llevamos el consumo real agregado de productos industriales. Cuando la productividad industrial es cero o casi cero, no hay consumo posible. A medida que la productividad va creciendo, el consumo aumenta pero en la segunda mitad IC’ de la curva, a partir del punto de inflexión I, el incremento del consumo se va desacelerando respecto a la productividad. De hecho, hay un tope para el consumo. Este tope es la recta horizontal CC’, por encima de la cual el consumo real agregado no aumenta aunque la productividad industrial siga su marcha ascendente.
Moderador. La figura que acaba de dibujar, profesor Marx, demuestra que se cumple la ley de la plusvalía creciente, creo yo.
Marx. Exacto. La consecuencia son las crisis que en mi opinión, acaban haciendo inviable el capitalismo industrial puro.
2. Crisis en el capitalismo socialdemócrata: los problemas del 2000
Malthus. Hemos hablado de un capitalismo industrial puro, pero……
Moderador. Siga, siga, Dr. Malthus, le escuchamos.
Malthus. Bueno, un capitalismo industrial puro nunca ha existido históricamente. En el siglo XIX, había un capitalismo imperfecto, coloreado ya de socialdemocracia, aunque el término socialdemocracia no se utilizaba mucho entonces. En el siglo XX, Europa era evidentemente capitalista socialdemócrata.
Moderador. No tengo muy claro lo que significa capitalismo socialdemócrata.
Malthus. Bueno, el capitalismo socialdemócrata es una economía donde cohabitan dos mundos que podemos llamar mundo A y mundo B. Sus características son notablemente diferentes, pero se complementan para hacer viable el sistema.
Moderador. Le rogaría, Dr. Malthus, que los describiera.
Malthus. Voy a intentarlo.
Mundo A. Empresas y sectores muy capitalizados. Tecnología de vanguardia. Innovación incesante. Como consecuencia, alta eficiencia y productividad.
Mundo B. Empresas y sectores menos capitalizados. Tecnología secundaria. Poca innovación. Predominio de actividades con productividad débil tales como obras públicas dudosamente rentables, ladrillo y cemento, servicios político-administrativos, y proyectos subsidiados. Como consecuencia, eficiencia y productividad restringidas.
Moderador. Decía usted que estos dos mundos cohabitan y se complementan para hacer viable un capitalismo imperfecto.
Malthus. De hecho, así ocurre. No hay países de tipo A puro ni del tipo B puro. Ambos mundos aparecen mezclados aunque en distintas proporciones según países.
Moderador. Y usted cree Dr. Malthus, que la coexistencia de ambos mundos favorece la estabilidad de sistema.
Malthus. Más o menos. Yo recomiendo a las empresas capitalistas del mundo A que paguen impuestos para sostener al mundo B. Esto va en beneficio de todos. Históricamente, el consumo real agregado no ha perdido fuelle porque el mundo B se ha convertido en un buen cliente para el mundo A. Se puede comprobar que el mundo A ha ido vendiendo sin obstáculos sus productos industriales al mundo B, excepto los obstáculos aduaneros.
Moderador. Me gustaría saber la opinión del profesor Marx.
Marx. Mi opinión es que el capitalismo socialdemócrata no evita las crisis. La crisis de los años 2000 demuestra, creo yo, que el capitalismo socialdemócrata terminará fracasando, lo mismo que el capitalismo industrial puro. Veamos los hechos.
Primero. A finales del siglo XX y principios del XXI, la productividad industrial del mundo A seguía creciendo, empujada por los avances en la tecnología y en la gestión. Al mismo tiempo, se suprimían monopolios y barreras comerciales. Disminuía el proteccionismo aduanero. Como resultado, aumentaban las oportunidades de intercambio entre los mundos A y B. El capitalismo socialdemócrata necesitaba aprovechar al máximo esas oportunidades para abrir mercados a la industria.
Segundo. Maximizar los intercambios entre los mundos A y B requería intensificar las inversiones en el mundo B, y eso exigía inyectar más recursos en ladrillo y cemento, políticas populistas, proyectos faraónicos y otras iniciativas de escasa rentabilidad. Si se quería subvencionar las inversiones B, como parecía necesario, la norma presupuestaria ortodoxa era subvencionar con cargo a impuestos, pero si los impuestos resultaban insuficientes había que arbitrar otros procedimientos redistribuidores de mayor alcance. Sabemos que el más usual de estos procedimientos es la deuda pública. En nuestro contexto y en términos reales, la deuda pública equivalía a un macropréstamo que los sectores eficientes concedían a los sectores ineficientes, o sea, un importante flujo de recursos reales que el mundo A prestaba al mundo B. En esta macrooperación, los bancos y los gobiernos actuaban como agentes intermedios. Otros flujo significativo de recursos reales se canalizaba a través de deuda privada, y no a través de deuda pública. El mundo A se sentía feliz porque esperaba que el mundo B se convirtiera así en un buen cliente. Pero se equivocaba.
Tercero. Para que alguien sea un buen cliente se tienen que cumplir dos condiciones. En primer lugar, hace falta que el cliente compre. En segundo lugar, hace falta que el cliente pague. Vender a quienes no podrán pagar es un mal negocio. Esta observación es elemental pero los planificadores del capitalismo socialdemócrata, si hubo de verdad planificadores, la ignoraron sorprendentemente. El mundo B era incapaz de pagar en términos reales porque su producción no valía gran cosa. El mundo B emitía promesas de pago, eso siempre es fácil de hacerlo. Pero en el mejor de los casos, las promesas de pago se materializaban en impairments, o sea, en activos reales sobrevalorados contablemente y con escaso valor de mercado. Verdaderamente, esto no era pagar, era caer en un impago real. Los impairments recibieron el nombre de activos tóxicos, una terminología que se ha popularizado.
Cuarto. Como decíamos antes, los bancos han sido agentes intermedios en la macrooperación. Su role ha sido secundario, me parece a mí, y a tenido poco que ver con la raíz real del problema. Se ha hablado mucho de crisis financiera, pero no ha habido crisis financiera sino una crisis económica más profunda que el dinero. La causa profunda de la crisis ha sido el desequilibrio de los intercambios entre los mundos A y B, y concretamente el hecho de que el mundo B no ha podido hacer frente a sus obligaciones en términos reales. Los bancos han servido para ocultar esta situación de impago real del mundo B o para disimularla. Han disimulado el default del mundo B, y nada más. En efecto, los balances de los bancos se iban llenando de activos tóxicos, por ejemplo ladrillo y cemento, que como he dicho aparecían sobrevalorados por encima de su precio de mercado. Estos activos eran los reembolsos reales que el mundo B transfería al mundo A para amortizar el macroprestamo. Naturalmente, el macroprestamo no se amortizaba con unos reembolsos de tan mala calidad y tan alto riesgo. Pero los balances daban una imagen de normalidad: todo cuadraba, todo iba bien. Esta imagen apacible se mantenía durante varios años, hasta que al final se descubrían los impairments y quebraban los bancos. La quiebra de los bancos era el anuncio de que las relaciones de intercambio entre los mundos A y B terminaban siendo insostenibles. Era un aviso de que el capitalismo socialdemócrata iba perdiendo vitalidad.
3. Reflexiones sobre los bancos, el dinero y la especulación
Moderador. Parece, profesor Marx, que está usted defendiendo a los bancos. Yo esto no lo entiendo en un teórico de la izquierda como usted. Además, no es popular. La gente cree que los bancos han sido los responsables de la crisis por su mala gestión y sus irregularidades.
Marx. Yo no defiendo a los bancos. Simplemente, los bancos me son indiferentes por completo. Como científico, yo soy un economista clásico que razono en términos de economía real. El dinero interesa mucho a los bancos, pero no interesa en absoluto a la economía real. Crisis y bancos, me pregunta usted, amigo moderador. Voy a responderle. Muchos bancos de Europa y América estuvieron envueltos en la crisis y se denunciaron casos de gestión desastrosa, falta de transparencia y fraude. Hubo banqueros torpes, cortos de miras, politizados y corruptos. La gente, los medios y los partidos políticos hablaban de crisis financiera y echaban la culpa a los bancos, en general. Para la opinión pública, la relación directa entre crisis y bancos era algo absolutamente evidente, un artículo de fe. En la Edad Media, una epidemia de cólera azota a Europa. Responsables directos: las brujas. Quien lo niegue es un outsider que debe comparecer ante el tribunal de la inquisición. En los años 2000, una crisis azota la economía. Responsables directos: los bancos. Quien lo niegue es un outsider que debe ingresar en un hospital de locos. Posición de un marxista científico: “las brujas y los bancos me son profundamente antipáticos, pero no provocan las epidemias o las crisis porque carecen de fuerza para hacerlo”. Las epidemias y las crisis obedecen a leyes físicas que son humanamente incontrolables. Los políticos y los financieros poco escrupulosos hacen trampas con las leyes jurídicas pero no pueden hacer trampas con las leyes físicas de la economía que están fuera de su alcance. Los bancos del capitalismo socialdemócrata podían elegir entre dos alternativas.
Primera alternativa. Colaborar como agentes mediadores en el macropréstamo del mundo A al mundo B. Los bancos eligieron esta colaboración que como hemos visto, condujo necesariamente a la crisis de los años 2000.
Segunda alternativa. Negarse a colaborar en el macropréstamo. Entonces, el mundo A no hubiera encontrado clientes para colocar toda su producción, ya que su productividad industrial crecía más deprisa que el consumo real agregado. Alguien podría objetar que los stocks encontrarían un gran mercando en los países pobres, pero como vengo repitiendo, los pobres no pueden pagar en términos reales, y la situación de impago real se volvería insostenible. Por tanto, el mundo A sufriría otra crisis quizá peor.
Vemos así que las crisis surgen de modo mecánico con independencia del dinero y del sistema financiero. Aunque todos los bancos se hubieran gestionado maravillosamente, no por eso se evitaría la crisis. Los marxistas tienen esto muy claro porque el marxismo no es un sentimentalismo de simpatías y antipatías sino un análisis económico riguroso y frio. Estoy cansado de repetirlo.
Moderador. Profesor Marx, usted estará cansado de repetirlo pero temo que no le van a entender. Todos estamos acostumbrados a razonar en términos de dinero desde tiempos casi prehistóricos. Eso de la economía real se le atraganta a la gente. Le suena a chino. Razonar en términos de economía real será todo lo científico que usted quiera pero se queda para libros de texto y para artículos de journals. El mismo título de su libro, Das Kapital , El Capital, confunde a los lectores. Los lectores asocian la idea de capital con el dinero, y en el lenguaje de su libro, “capital” no se refiere al dinero en absoluto. Todos necesitamos ver rostros humanos detrás de los fenómenos económicos. En la antigua Roma, cuando se levantaba una tempestad marina, cuando un fuerte viento volaba los tejados o cuando se perdía una cosecha de trigo, los romanos veían rostros humanos, Neptuno, Eolo, Ceres , manejando los hilos de estos fenómenos naturales. Tuvieron que pasar siglos para que los romanos se convencieran de que las tormentas, los vientos y las sequías no se deben a intrigas y manejos. Tendrán que pasar siglos para que la gente aplique el mismo criterio de racionalidad a los fenómenos económicos.
Marx. Es curioso. Hace unos días estaba yo hablando a un grupo de amigos en una sala de conferencias. Les explicaba pedagógicamente que dos y dos son cuatro. Un oyente de la primera fila daba continuamente muestras de aprobación a mis palabras. A la salida, este oyente se me acerca y me felicita. Me dice: “profesor Marx, totalmente de acuerdo. Ha demostrado usted clarísimamente que dos y dos son siete, como yo siempre había creído”.
Moderador. Dr. Malthus, ¿y usted que opina?
Malthus. Bueno, yo soy menos radical que Marx. Creo que los bancos han podido agravar la crisis en ciertos países.
Moderador. ¿Es usted Keynesiano?
Malthus. Soy clásico, pero con matices keynesianos. Algunos remedios keynesianos podían ayudar en la crisis si se aplican inteligentemente a unas dosis adecuadas.
Marx. El marxismo se opone al keynesianismo. Creo que Keynes dio un paso atrás en lugar de un paso adelante con su propuesta metodológica. Volvió a mezclar el trigo con la paja, es decir, volvió a mezclar los fenómenos reales con los aspectos monetarios en un modelo ad hoc que apuntaba en todas direcciones, sin comprender que los arboles no dejan ver el bosque.
Moderador. Pero reconocerá usted que los remedios keynesianos....
Marx. Los remedios keynesianos no solucionan nada. Lo vimos en la crisis del 2000. Gasto público, presupuestos expansivos, cebar la bomba, multiplicador de la inversión, todas estas recetas son fáciles de aplicar pero la experiencia demuestra que no han funcionado.
Moderador. Veo que no se ponen ustedes de acuerdo. Pasemos a otro tema. Se dice, incluso por comentaristas económicos presumiblemente informados, que actualmente la especulación financiera tiene muchas más importancia que antes, y que ahora es capaz de arruinar una economía.
Marx. Para todos los economista clásicos sin excepción, el dinero es una cortina de humo que oculta el fondo de los problemas. El dinero es un instrumento artificial que facilita los movimientos comerciales y permite a los especuladores tomar posiciones acertadas o equivocadas. Pero los especuladores no pueden modificar las relaciones reales de la economía, pueden sólo interpretarlas. Si aciertan en su interpretación, los especuladores ganan y si se equivocan pierden. Los especuladores se pueden clasificar en tontos y listos. Un especulador tonto apuesta un millón de dólares a que la temperatura media en las playas canarias descenderá a seis grados bajo cero el próximo verano. Naturalmente, hay entonces otro especulador listo que se aprovecha de la estupidez del tonto. El listo apuesta lo contrario y gana el millón de dólares. Supongamos que la compañía WYTH, Ltd., marcha perfectamente: alto volumen de ventas, alta rentabilidad, solvencia y excelentes expectativas. Un grupo de buitres quiere arruinar a WYTH especulando en bolsa con posiciones a corto. Estos buitres apuestan miles de millones con este propósito. Naturalmente, surge entonces un grupo de especuladores listos que apuesta lo contrario, y quienes resultan arruinados son los buitres.
4. Hacia una economía pyme que minimice las crisis
Malthus. Podríamos discutir soluciones inteligentes. No voy a hacer propuestas personales. ni mías ni de mis colegas. Los economistas no tenemos una varita mágica para minimizar las crisis, ni mucho menos para minimizarlas en el corto plazo. Pero la sociedad, por instinto de conservación, ha empezado a desarrollar un nuevo modelo para el largo plazo. Este modelo no es la propuesta de un comité de sabios, sino que es la respuesta biológica de la sociedad ante unas condiciones de vida adversas. Como respuesta biológica, es espontanea, silenciosa y anónima. Tiene una hoja de ruta que no ha sido escrita ni publicada. Esta hoja de ruta es bastante lenta y no se sabe cuanto tiempo tardará en implementarse por completo, es posible que medio siglo o más. Como hemos dicho, el nuevo modelo no es un breakthrough model, un invento prodigioso, sino una tentativa que parece ya conocida de los economistas y de sentido común. Las características del nuevo modelo son las siguientes:
Primera. Un sector industrial muy eficiente y sin casi trabajadores asalariados. Robots, outsourcing y franquicias para sustituir al ejercito de asalariados.
Segunda. Un gran sector pyme: empresas familiares especializadas en la producción de servicios, así como un amplio espectro de profesionales libres. Los servicios se compran y venden en mercados competitivos. No hay actividades subvencionadas, pero la carga fiscal es reducida.
Tercera. Los trabajadores asalariados se irán convirtiendo poco a poco en pequeños empresarios autónomos. Este proceso de cambio exige un esfuerzo educativo versátil: educación básica open mind, aprendizaje para elegir la técnica empresarial que prefiera cada individuo, familiaridad con el trabajo a distancia, clima de innovación, comunicación e internacionalización que permita acceder a nuevos mercados, y un clima de respeto ecológico.
Cuarta. Desaparece de hecho el capitalismo puro. Las características de este capitalismo son una minoría de individuos que poseen los bienes de producción frente a una mayoría de individuos que alquilan su fuerza de trabajo. En el modelo pyme, cada pequeño empresario posee capital humano y alquila un pequeño capital físico-tecnológico. Como además, no hay apenas asalariados, la dicotomía esencial del capitalismo puro ya no existe.
Quinta. Desaparece de hecho el capitalismo socialdemócrata. Las características de este capitalismo son las relaciones de intercambio entre el mundo A sumamente eficiente y el mundo B escasamente eficiente y subsidiado. El sector pyme y el mundo B no tienen ningún parentesco. La actividad pyme no incluye proyectos faraónicos, políticas populistas ni iniciativas ineficientes. No es una actividad superflua ni privilegiada.
Sexta. El modelo pyme ayudará a superar las crisis del tipo 2000. Los pequeños empresarios autónomos, sus socios comanditarios y los profesionales libres son a la vez productores de servicios y consumidores. Como los servicios que producen tienen demanda y valor de mercado, la gente pyme puede comprar y pagar en términos reales. Sabemos que pagar en términos reales es imprescindible para sostener los intercambios y el modelo económico.
5. Conclusiones
Moderador. Pues con esto, finaliza el debate. Los temas que hemos visto, el capitalismo industrial puro, el capitalismo socialdemócrata, el keynesianismo, la crítica marxista, y sobre todo, las crisis y el modelo pyme, son temas abiertos que sugieren nuevas preguntas. El profesor Marx y el Dr. Malthus han coincidido a veces y a veces no han coincidido en este debate imaginario. La verdad es que los personajes se han tenido que enfrentar a escenarios que no conocieron y los han enfocado con esquemas mentales más o menos fieles a su pensamiento histórico. El profesor Marx ha defendido con cierto apasionamiento la dictadura de la economía abstracta, que a mí, personalmente, me parece más peligrosa que la dictadura del proletariado. El profesor Marx tiene motivos de queja. Primer motivo: la Historia le ha tratado injustamente porque ha insistido en sus errores y se ha olvidado de sus aciertos. El diagnóstico y el pronóstico de Marx sobre el capitalismo han sido aciertos. Segundo motivo: los políticos no han comprendido el análisis económico de Marx. Le han citado sin leerlo. Por tanto, le han tomado poco en serio porque el análisis económico de Marx era su marca de identidad, el signo que le distinguía de los políticos corrientes y de los profetas intuitivos. Marx creía que su cientifismo económico disminuía la probabilidad de error y que por eso, sus ideas tenían derecho a situarse en un plano de superioridad sobre otras ideologías. Esto es discutible, pero Marx estaba convencido de ello. El caso de Malthus es diferente. Por su formación religiosa, Malthus es un humanista partidario de la democracia cristiana. Los hombres son hijos de Dios y responsables de sus actos. La organización de la economía debe recaer democráticamente en ellos y no en fuerzas impersonales. Por su educación inglesa, Malthus es un empírico, no le gustan los análisis demasiados abstractos y se opone a las dictaduras. Los pensadores abstractos que se creen en posesión de la verdad se quieren convertir a veces en dictadores, aunque lo disimulen con una sonrisa de modestia. Además, Malthus es un utilitarista. Para la conservación del individuo y de la especie, las decisiones son más importantes que las abstracciones. El arte de tomar decisiones no tiene reglas fijas. Hay que adaptar cada decisión a cada escenario y a cada momento de tiempo. Hay que recurrir a una especie de “pasteleo” honesto, es decir, buscar compromisos entre intereses divergentes, looking for a compromise. Todo esto es más humano que científico. La sociedad busca ella misma soluciones mediante procesos espontáneos, tanteos y consensos silenciosos. Así ha ocurrido históricamente con los cambios en el sistema económico, Antiguo Régimen, capitalismo industrial y socialdemocracia, y así esta ocurriendo también ahora con el modelo pyme.
Muchísimas gracias.
Alcoy, 22 de junio del 2012.