antonio pellicer

Discurso de Antonio Pellicer

Doctor honoris causa UPV

Excmo. y Magnífico Sr. Rector de la Universidad Politécnica de Valencia

Excmo. y Magnífico Sr. Rector de la Universitat de València


Doctoras y Doctores,


Señoras y Señores.

Quiero comenzar mi alocución agradeciendo al Consejo de Gobierno de la UPV la concesión de tan alto galardón como Doctor Honoris causa. Se trata de un inmenso reconocimiento para un universitario, al que procuraré hacer honor durante el resto de mi vida. Creo no descubrir nada al manifestar que la UPV es una de las Universidades más prestigiosas de España y por ello recibir de su Rector Magnífico tal distinción me llena de orgullo y de gratitud. Desde la otra orilla del río, he contemplado durante años el desarrollo fulgurante de la UPV y su proyección científica y social. Para mi ha sido ejemplo de sana envidia pues su filosofía de trasladar a la sociedad los resultados de su trabajo docente e investigador, lo que revierte en creación de riqueza y empleo en nuestra Comunidad, es la misma que han guiado mis pasos a través de mi vida profesional.

Se da la coincidencia de que recientemente he sido nombrado Director del Area Clínica de Salud de la Mujer del Hospital Universitari y Politecnic La Fe, por lo que son ya varios los lazos que me unen a la UPV para el resto de mi vida. También es un inmenso placer seguir el camino a la inversa que el ilustre investigador de esta universidad D. Avelino Corma Cano, director del Instituto de Tecnología Química.

Quisiera agradecer también las palabras de mi Excmo y Magnífico Rector D. Esteban Morcillo, a quien profeso el más profundo de los respetos y a quien debo en gran medida esta distinción, pues no en vano hemos colaborado cientificamente a lo largo de los años y fue su capacidad de convicción, su ejemplo y su entusiasmo los que me llevaron a ocupar el cargo de Decano de la Facultad de Medicina i Odontología. Trabajar a su lado es un constante estímulo para mí.

Y ningún sitio mejor para celebrar este acto, que la ciudad donde nací, de la que soy Hijo Predilecto y a la que me siento profundamente unido. Ser investido Doctor Honoris causa en mi ciudad natal, junto a mi familia y amigos, es un honor del que pocas personas pueden disfrutar y así lo valoro.

Y como muy bien mi Rector ha expresado, me siento orgulloso de mi desarrollo como universitario. Son más de 30 años dedicados a la docencia, la investigación y la asistencia médica y como resultado he contribuído a mantener y engrandecer la escuela valenciana de Ginecología, como me enseñó mi maestro, el Prof. Bonilla-Musoles. Pero siento todavía más orgullo de haber sido capaz de trasladar los resultados de nuestras investigaciones y desarrollos a la Sociedad desde el Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) junto al Prof. Remohí pues, aparte de los miles de niños nacidos como consecuencia de nuestro trabajo y las publicaciones e hitos científicos que han sido glosados por el Rector Morcillo, hemos sido capaces de crear una estructura empresarial que hoy en día da trabajo a más de 1.000 personas. Y todo ello con el inconfundible sello de nuestro declarado origen valenciano.

Y esos reconocimientos que en ocasiones recaen en mi persona y otras veces en la institución IVI, creo que son el fiel reflejo de que el trabajo realizado ha calado en la Sociedad y que esta visualiza con transparencia los esfuerzos de un grupo de investigadores valencianos que han tenido la inmensa fortuna de proyectarse por todo el mundo utilizando la catapulta de la Universitat de València. Y ese es probablemente el mayor legado que yo pueda dejar en esta vida, junto a mi maravillosa familia.

Pero habiendo contribuído al desarrollo de la ciencia y en particular de la Medicina Reproductiva, hay aspectos de la misma que me gustaría resaltar con ocasión de esta lectio.

La fecundación in vitro aparece como alternativa al tratamiento de la esterilidad en la especie humana en 1978, cuando el ginecólogo Patrick Steptoe y el profesor de fisiología de la Universidad de Cambridge Robert Edwards, anuncian en Lancet el nacimiento del primer bebé concebido en una probeta de la historia. Como muy bien saben ustedes, Robert Edwards recibió en 2010 el Premio Nobel de Medicina, lo cual ha supuesto un respaldo al desarrollo de la Medicina Reproductiva, como lo es para mi este nombramiento como Doctor Honoris causa.

Por cierto, en 1994 el Prof. Robert Edwards fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de València, lo que constituyo un signo inequívoco de que mucho antes de alcanzar el máximo galardón científico, su trabajo era considerado por nosotros absolutamente pionero, novedoso y con una enorme repercusión social. Hoy, en los países de nuestro entorno, hasta un 3% de los niños nacidos lo son gracias a la fecundación in vitro, lo cuál la convierte en un método casi rutinario de reproducción humana.

Además de suponer una forma aceptada de reproducción, la fecundación in vitro ha contribuido al desarrollo de otros campos de la Medicina y la Fisiología. Desde que comenzamos a ser testigos directos en los laboratorios de las primeras etapas de desarrollo del embrión humano, aprendimos muchos aspectos de la embriología que nos eran completamente desconocidos y eliminar la esterilidad en muchas parejas. Pero además, pudimos biopsiar los embriones humanos, diagnosticar errores cromosómicos y génicos en ellos, con lo que hemos contribuido a cortar cadenas de trasmisión familiar de enfermedades muy graves, en muchos casos mortales.

Más recientemente, hemos desarrollado métodos para preservar la fertilidad en pacientes jóvenes afectas de un cáncer y así por ejemplo el año pasado nacieron en Valencia los primeros y únicos gemelos del mundo concebidos después de haber sobrevivido al cáncer mama.

Pero siendo muchos los avances que se han producido en estos 30 años, son también muchos los problemas y los retos que aún nos quedan por resolver y que espero contribuir con mi grupo a resolver. Veamos algunos de ellos.

Cuando comenzamos a practicar la fecundación in vitro en Valencia, la posibilidad de embarazo por tratamiento era del 6%. Hoy, 25 años después es del 50% y recientes datos obtenidos en el IVI basados en más de 21.000 tratamientos y sometidos a publicación, demuestran que el 94% de las pacientes que tratamos tienen un hijo. Sin embargo, esta mejora en los resultados ha ido acompañada de un número inadmisible de embarazos dobles y triples, cuyo pronóstico neonatal puede ser muy incierto. Hoy trabajamos para poder diagnosticar qué embrión es el que más posibilidades tiene de implantar y lo hacemos con métodos no invasivos para los embriones, de manera que el objetivo a alcanzar es el nacimiento de un bebé sano por tratamiento. Y estamos cerca de lograrlo.

El desarrollo de la Medicina Reproductiva en España se debe, en gran parte, a las Leyes tan abiertas de que disponemos desde 1988. Y esto hay que enfatizarlo, pues es conocido en toda Europa que los resultados clínicos de la fecundación in vitro en España son más satisfactorios que en otros países de nuestro entorno, y no en vano hasta el 30% de nuestras pacientes son extranjeras. Estas leyes nos han permitido profundizar más en el conocimiento y disponer de métodos de tratamiento más eficientes.

Pero la Sociedad cambia y con ella las demandas. Por ejemplo, como diagnosticamos enfermedades, algunas parejas quieren tener el “hijo casi perfecto” y demandan que en los laboratorios se llegue a diagnósticos casi inverosímiles. Afortunadamente, los principios éticos y las Leyes nos protegen de algunas tentaciones y es importante que la Sociedad conozca que nosotros, los que podemos de alguna manera manipular los primeros estadios del desarrollo del ser humano, tenemos unos principios ético inquebrantables y estamos regulados por Leyes y Comités que impiden los excesos.

Vivimos en un mundo globalizado en el que, gracias a las tecnologías de la información, cualquier pareja estéril en el mundo tiene información sobre las distintas posibilidades de tratamiento. La globalización, ha llegado también a la Medicina Reproductiva y como consecuencia han aparecido nuevos fenómenos derivados de la misma.

Cuando nosotros analizamos globalmente cuáles son los problemas que plantea la Salud de la Mujer, nos viene inmediatamente a la mente la superpoblación de la tierra. A comienzos del siglo XIX la población mundial era de un billón de personas. A comienzos del siglo XXI es de 6 billones y hoy nacen 250.000 personas cada día en el mundo. Se calcula que seremos entre 9 y 10 billones a mitad de este siglo, a pesar de los grandes esfuerzos que se hacen en planificación familiar, pero es obvio que no son suficientes en países del tercer mundo.

De forma parecida, la mortalidad materna es una tragedia global. Mueren anualmente 600.000 mujeres por problemas relacionados con el embarazo y el parto. Y el cáncer de cuello de útero acaba con la vida de 200.000 mujeres al año. Y otro problema grave es la transmisión de enfermedades sexuales, fundamentalmente el SIDA.

En este contexto, es difícil entender que la Medicina Reproductiva y la esterilidad sean un problema para los países del tercer mundo. Lo consideramos innecesario y técnicamente demasiado avanzado. Y, sin embargo, es un problema. La esterilidad ocurre en el 8-22% de la población y se debe fundamente a causas potencialmente evitables, como la trasmisión de infecciones. Las consecuencias psicológicas, socio-culturales y económicas de la esterilidad son frecuentemente más pronunciadas en países con bajos niveles de desarrollo donde la imposibilidad de tener hijos para una mujer puede suponer serios problemas de estigmatización, aislamiento social, dificultad económica e incluso una causa de suicidio. Pero de igual magnitud es el problema de los derechos de las mujeres en estos países, al que me referiré más tarde.

La globalización puede servir para estrechar los vínculos sobre el tratamiento de la esterilidad en los países en desarrollo y desarrollados. En 2001 la Organización Mundial de la Salud (OMS) analizó por primera vez la situación de la Medicina Reproductiva en el tercer mundo. Se recomendó que la esterilidad fuera reconocida como un problema global de salud y realizó una llamada para el desarrollo de ideas innovadoras y tratamientos eficaces de bajo coste. En 2004, la Asamblea Mundial de la Salud, adoptó la primera estrategia global en salud reproductiva incluyendo servicios de infertilidad de calidad.

Por eso, estamos realizando esfuerzos para poder llevar la Medicina Reproductiva a los países menos desarrollados. Necesitamos simplificar los procedimientos y disminuir los costes, crear programas de educación y entrenamiento, que sean seguidos de controles de calidad y auditorías, para lo que hace falta que los gobiernos y agencias como la OMS, dirijan sus esfuerzos en la misma dirección. Nos estamos moviendo en ese sentido y ya hemos participado en proyectos pilotos en algunos países como la República Dominicana y Nigeria.

Pero siendo todo esto importante, paralelamente debe considerarse el papel de la mujer en estas sociedades. Las mujeres constituyen más del 50% de la población mundial y trabajan más del 66% de las horas trabajadas en el mundo generando, sin embargo, tan sólo el 15% de los ingresos mundiales y poseen menos del 5% de las propiedades en el mundo. Solamente un tercio de las mujeres del mundo han tenido acceso a la educación. La mutilación genital, el matrimonio a edades tempranas, la selección del sexo, el aborto o la violencia de género, son problemas que afectan a las mujeres en la mayoría de los países en desarrollo hoy. Elevando el status de las mujeres en la sociedad permitirá que tengan la capacidad de decidir sobre lo que afecta a sus vidas y las de sus hijos y familias, y por lo tanto será un avance muy importante en el tratamiento de la esterilidad.

Quisiera también analizar algunas consecuencia de la globalización sobre la Medicina Reproductiva. Se considera que hay en el mundo aproximadamente 3000 centros dedicados al tratamiento de las parejas estériles en 162 países. Yo creo que son bastantes más, pero los registros son imprecisos. Cuando la reproducción asistida se convirtió en una realidad en los años 80, operaba como cualquier otra especialidad en Medicina, sin guías ni leyes específicas. Sin embargo, el concepto de la fecundación in vitro pareció como “ir demasiado lejos” a algunos y se estimuló el debate público. En muchas naciones, incluída España, se establecieron leyes especiales que regularon las prácticas de la fecundación in vitro, en claro contraste con cualquier otra especialidad médica.

La consecuencia fueron leyes dispares que permiten realizar algunos procedimientos en unos países, mientras que en otros vecinos están prohibidas o dificultadas hasta convertirse en irrealizables. Se calcula que el movimiento de parejas viajando de unos países a otros buscando solución a sus problemas representa el 10% de todos los tratamientos de esterilidad que se realizan.

Nos afecta este tema porque, pese a tener una de las Leyes más progresistas que existen, somos también exportadores de pacientes pues algunos métodos reproductivos no están permitidos por nuestra legislación. Por ejemplo, el llamado útero de alquiler que, aunque algunas personas han utilizado de manera un tanto frívola y han tenido amplia repercusión social por tratarse de personajes conocidos, otras personas lo necesitan de verdad. Yo pienso que este tema, y otros, debe ser revisado porque existen indicaciones para utilizar el útero de alquiler como fórmula reproductiva.

Pero mientras los problemas no se solucionen y los pacientes tengan que cruzar fronteras por motivos legales, debemos preocuparnos de que en el país de destino reciban al menos las mismas atenciones que en nuestro entorno. Debemos interesarnos porque los procedimientos sean seguros para las madres y los hijos. Y para ello es importante que existan registros de actividad y los organismos internacionales se impliquen. Deben hacerlo las sociedades científicas y las asociaciones de pacientes, pero también los gobiernos, pues insisto que son las normas reguladoras establecidas por estos las que provocan este turismo reproductivo. Quizás los avances en nuevas tecnologías permitan pronto compartir información, establecer guías de actuación comunes, obtener evidencia clínica e información para garantizar la calidad internacional, la continuidad y la seguridad en el cuidado de las pacientes.

En resumen, podemos estar satisfechos de la labor realizada en estos 30 años en el tratamiento de la esterilidad en la especie humana. Los retos para el futuro inmediato son grandes e ilusionantes, pero no debemos perder la perspectiva de que trabajamos para el beneficio de la Sociedad en general y de los más necesitados en particular.

Muchas gracias. He dicho. 

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