Durante su intervención, Capilla ha planteado que la colaboración entre universidades debe evolucionar hacia un enfoque más ambicioso y transformador, basado en “compartir misiones”, es decir, en definir objetivos comunes de impacto —como la sostenibilidad, la salud o la resiliencia— y alinear esfuerzos, recursos y estrategias a medio y largo plazo para alcanzarlos, más allá de proyectos puntuales o ámbitos temáticos aislados.
En este sentido, ha advertido que “vivimos probablemente un momento histórico en que la humanidad dispone de más conocimiento”, pero en el que “a veces da la sensación de que estamos muy desorientados” y “cada vez más desconectados”, lo que “genera enormes incertidumbres”. En este contexto, ha subrayado que las universidades deben “asumir ese reto” y actuar para “reducir esa incertidumbre y que hagamos las cosas de otra manera”.
El rector ha destacado que muchos de los desafíos actuales “son casi retos sistémicos, más que retos de investigación”, y ha señalado ámbitos como el clima, la sostenibilidad o el futuro de la industria, en los que “España y México pueden tener un papel muy importante para trabajar en la resolución de esos retos sistémicos”.
Asimismo, ha puesto en valor los lazos existentes entre ambos países, recordando que “tenemos un gran activo […] que es una lengua” y que también “compartimos muchos marcos culturales”, lo que facilita “posibilidades de entendimiento y de trabajo conjunto enormes”. En este sentido, ha resaltado que ya existen “muchas experiencias muy positivas y muy fructíferas de colaboración” sobre las que seguir construyendo.
Capilla ha insistido en que la cooperación debe evolucionar hacia modelos más sólidos, ya que “esa colaboración tiene que ser algo más que sumar capacidades en proyectos” que “muchas veces […] se diluyen”. Por ello, ha apostado por “estructuras estables, con ambición y […] orientadas a resultados”, especialmente en el marco de iniciativas como las cátedras binacionales.
Finalmente, el rector ha planteado un cambio de enfoque en la colaboración internacional, defendiendo que “más que hablar de ámbitos de colaboración […] deberíamos hablar de misiones compartidas”. En esta línea, ha apuntado ejemplos como la “resiliencia hídrica”, las “ciudades climáticamente neutras”, las “industrias limpias e inteligentes” o los “océanos limpios de plásticos”, concluyendo que este enfoque permite alinear mejor los esfuerzos científicos con los grandes retos globales.